LOS OASIS ANDINOS DE NORTE A SUR

La gran extensión de nuestro territorio permite la existencia de distintos factores agro-ecológicos que actúan sobre la vid en las zonas de cultivo. Estos factores son la altitud, el relieve, el suelo, los niveles de precipitación, las temperaturas medias y el riego.
Cada oasis productivo presenta características propias que permiten establecer diversas zonas vitivinícolas. Estas están integradas a su vez por subregiones, con semejanzas o diferencias agro-ecológicas notorias.
Las tres grandes regiones son: Noroeste, Centro- Oeste y Patagónica, las cuales se ubican entre los paralelos22° y 40° de latitud sur.



 




REGIÓN DEL NOROESTE

Comprende las provincias de Salta, Catamarca, La Rioja y Tucumán. Los oasis del noroeste, ubicados entre los 220 y los 290 al sur del Ecuador, se perfuman con el aroma del Torrontés en tiempos de vendimia. Los vinos elaborados a partir de esta variedad, han sido durante años la carta de presentación de los productores de la zona recibiendo numerosos premios en certámenes internacionales.
El Torrontés del tipo riojano -introducido en la zona por misioneros en el siglo XVI-, junto con Chardonnay, Chenin y el Cabernet Sauvignon cumplen sus ciclos vegetativos en terruños ubicados entre los 1.000 y los 1.800 metros sobre el nivel del mar, con condiciones ecológicas y climáticas ideales, con temperaturas medias anuales de 15° C. Las localidades de Santa María, Tinogasta y Belleza y diversidad Andalgalá en Catamarca y Amaicha del Valle, en el extremo norte la provincia de Tucumán han logrado posicionarse como excelentes productores de uvas para el consumo en fresco y vinos finos de gran calidad, especialmente los blancos elaborados con uvas Torrontés de aroma intenso y floral.
Subregión de los valles calchaquíes

En la provincia de Salta, Cafayate cultiva el 70% de los viñedos. También La Poma, Cachi, San Carlos y Molinos se destacan como localidades productoras.
Los valles calchaquíes, una de las zonas vitivinícolas más altas del planeta, están a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, A través de sus 520 kilómetros de caminos, con un paisaje agreste de algarrobos y cactus, se recorren 1,500 hectáreas cultivadas.
Los suelos, constituidos por sedimentos de tipo arenoso, proporcionan condiciones de drenaje excelentes, lo que garantiza la lixiviación de sales nocivas.
El agua de riego es proporcionada por los ríos que trazan el curso de los valles, el Calchaquí y el Santa María y se complementa con agua de pozos del subsuelo.

Subregión de los valles de Catamarca

Belleza y diversidad son las palabras que permiten definir este alucinante paisaje montañoso.
Las escarpadas montañas, contrastan violentamente con los tranquilos valles que encierran. Valles que de la mano del hombre ha transformado en ricos oasis. Allí se cultivan diversas variedades de vitis vinífera: Torrontés Riojana y Bonarda son algunas de ellas.
Las notorias diferencias existentes en el relieve generan importantes variaciones en el clima, lo que permite fragmentar esta comarca vitivinícola en dos: valles occidentales y orientales.
Los valles del oeste reciben escasas precipitaciones que raramente alcanzan los 200 milímetros por
año y tienen un rango de temperatura menor que el resto de la subregión. La producción es destinada en forma mayoritaria al consumo en fresco y a la elaboración de pasas de uva.
En contraste, los valles ubicados al este reciben un aporte pluvial que dobla al de los valles occidentales. Las temperaturas son también mayores, y los veranos, muy cálidos. Aquí se asientan casi la totalidad de las bodegas y se encuentran implantados el 70% de los viñedos catamarqueños.
Las principales localidades son Tinogasta (que reúne más del 70% del total de la producción), Fiambalá, Belén y Caparán.
Subregión de los valles de La Rioja

Chilecito, Anguinan, Famatina y Nonogasta son las zonas de cultivo que concentran la producción vitivinícola de la subregión en la provincia de La Rioja.
La totalidad de las áreas de cultivo se encuentran flanqueadas por dos cadenas de sierras, las de Famatina en la estibación occidental y las de Velazco en la oriental.
Las uvas de esta región producen vinos con al- tos niveles de azúcares y pobreza de acidez. Conforman así un catálogo de variedades sumamente aromáticas, entre las que se destacan la Torrontés Sanjuanina, la Moscatel de Alejandría y la Torrontés Riojana, siendo ésta última la variedad más adaptada a los factores agro-ecológicos predominantes.

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REGIÓN CENTRO OESTE

Mendoza y San Juan Región central
La denominada región central es considerada la región vitivinícola más importante. Su territorio se reparte entre los llamados valles sanjuaninos y las cinco subregiones de la provincia de Mendoza.
Su poderío vitícola es incuestionable: juntas, Mendoza y San Juan, despliegan sus viñedos sobre más de 190.000 hectáreas, lo que representa el 92% del total de los Viñedos implantados en el país.
Los racimos se colorean entre los 500 y los 1.165 metros sobre el nivel del mar. La baja humedad relativa y las escasísimas precipitaciones existentes (entre 100 y 350 mm/anuales) los protegen de las enfermedades criptogámicas.

Subregión de los valles sanjuaninos

En la provincia de San Juan, los terruños se ubican en los fértiles valles irrigados por los ríos Jachal y San Juan.
Más de 46.000 hectáreas de viñedos que se cultivan en la provincia ofrecen sus frutos en oasis como el valle del Tulum, el valle de Jachal, Calingasta, Iglesia, el valle del Zonda, valle del UIlum y valle del Perdénal, con alturas máximas de 1.165 metros sobre el nivel del mar.
Los pobladores de la región festejan año tras año la llamada Fiesta del Sol. Y lo cierto es que en estos valles las temperaturas estivales son muy altas, alcanzando en ocasiones los 45° C, lo que influye en la producción
de vinos generosos y licorosos. Los suelos de la región pueden ser diferenciados de manera muy sencilla: los situados en las márgenes orientales de los ríos son areno-arcillosos, muy fértiles y poco profundos. Sobre las riberas occidentales están los más indicados para el cultivo de la vid, pedregosos y acompañados de sedimentos arcillosos.
Los valles situados a mayores alturas brindan veranos más frescos, con condiciones de amplitud térmica ideales para el cultivo de variedades destinadas a la elaboración de vinos finos. Es el caso de los valles de Calingasta y Jachal, que centran su producción en el Torrontés Riojano, Moscatel de Alejandría, Torrontés Sanjuanina y Bonarda.
Grandes superficies han sido implantadas con variedades de vid destinadas al consumo en fresco y la producción de pasas. Entre ellas se destacan las variedades Cereza, Sultanina y Criolla.
Cabe destacar que los bodegueros y viticultores de la zona transitan en estos momentos el camino de la reconversión vitivinícola. Este hecho se evidencia en la decisiva incorporación de tecnología,
una mejora del manejo cultural de la vid y la implantación de nuevas hectáreas de uvas de calidad adaptadas al entorno agroecológico.

Zona alta del río Mendoza

En la provincia de Mendoza, se encuentra la Primera Zona o zona alta del río Mendoza. Este territorio se extiende sobre los cultivos de gran parte de los Departamentos de Maipú y Luján. La zona alta del río Mendoza es el paraíso de la vitivinicultura. Las condiciones agroecológicas son virtualmente perfectas, y por ello ha sido elegida por decenas de bodegas que elaboran los más exquisitos vinos finos argentinos.
El suelo en superficie, está constituido por sedimentos finos de origen aluvional. Sobre el subsuelo pedregoso se asientan los sedimentos areno-limoarcillosos. Su pobreza orgánica es grande, garantizando cosechas de gran calidad destinadas a la elaboración de vinos nobles.
El clima es templado, luminoso y árido, de escasas lluvias, con vientos y humedad moderados que aseguran el equilibrio de azúcar y acidez en los mostos y la formación de los polifenoles.
También podríamos referimos a esta región como la "tierra del Malbec", ya que este cepaje aquí cultivado está íntimamente relacionado con su entorno, presentando una calidad y un bouquet inigualables en ninguna otra región vitivinícola del mundo.

Subregión este de Mendoza

Al este de la zona alta del río Mendoza, el terreno desciende paulatinamente desde los 740 hasta los 600 metros sobre el nivel del mar, ocupando la superficie total del 600 kilometros cuadrados. Este oasis está situado en los departamentos de San Martín, Rivadavia, Junín, Santa Rosa y La Paz. Los suelos aluvionales son de tipo franco arenosos y limo arenosos en las zonas más altas, como así también profundos y pedregosos.
Las más de 60.000 hectáreas irrigadas con el agua canalizada de los ríos Mendoza y Tunuyán ofrecen variedades como, Merlot, Malbec, Bonarda,
Sangiovese, Ugni Blanc, Syrah, Tempranilla, Pedro Giménez entre otras. La mayoría se destina a la producción de mostos, jugos concentrados y vinos finos de excelencia.

Subregión del Valle de Uco

Con los ríos Tunuyán y Tupungato como ejes, el valle de Uco ocupa una extensa superficie de los departamentos de San Carlos, Tunuyán y Tupungato.
Presenta una serie de características similares a las demás zonas que integran la región central pero con peculiaridades que son favorables y a la vez adversas para los viñedos del lugar.
La altitud de las tierras cultivadas oscila entre los los 900 y los 1.200 metros sobre el nivel del mar.
Si bien la región sufre heladas y granizo, el uso de malla antigranizoy de otras técnicas, ha contribuido a paliar estos flagelos. Por otro lado, la altura produce grandes amplitudes térmicas entre el día y la noche lo que permite producir vinos de excelente color aptos para una larga crianza. Además la altura es la responsable de los altos niveles de acidez que, en algunos casos, debe ser controlada mediante la fermentación maloláctica.
Algunos de los tintos más representativos de los últimos tiempos son oriundos del valle de Uco, que ha visto crecer geométricamente las inversiones de capitales extranjeros. Las variedades tintas más extendidas son: Malbec, Barbera, Cabernet Sauvignon y Merlot.
También se cultivan variedades blancas con excelentes resultados, entre ellas Torrontés Riojano, Semillón (es el cepaje blanco más cultivado ), Chenin, Sauvignon Blanc y Chardonnay;

Subregión sur de Mendoza

En el sur mendocino se encuentran los departamentos General Alvear y San Rafael que integran el oasis productivo más austral de la provincia.
Los viñedos sureños están ubicados a menor altitud que los del resto de la región. Estos descienden suavemente hacia el este desde los 800 metros sobre el nivel del mar hasta los 450.
Tierras duras, ocupadas por incansables colonos e inmigrantes en las últimas décadas del siglo XIX, y que fueron prontamente transformadas en un vergel agrícola centrado en la vitivinicultura. El desarrollo y las posibilidades de crecimiento hicieron su arribo en 1885, año en que el tendido del ferrocarril estableció la comunicación con el puerto de Buenos Aires y otras regiones del país. Irrigados por las aguas del río Atuel y el Diamante, y con el 18 por ciento de los viñedos de la provincia, producen mostos destinados a vinos de mesa y a la elaboración de notables vinos finos, enraizados en suelos aluvionales calcáreos. El clima más fresco es el responsable de niveles de acidez mayor, motivo por el cual variedades blancas como el Chenin presentan un excelente comportamiento. En San Rafael, el Chenin Blanc ha sido adoptado como la variedad favorita para la elaboración de varietales. Los niveles de amplitud térmica presentes en la zona favorecen la producción de antocianinar, también responsables del color en los vinos. Variedades tintas como el Cabernet Sauvignon, Malbec y Bonarda son los puntos de partida para la obtención de vinos de excelente cuerpo visual, que van ganando día a día posiciones importantes en los mercados internacionales.

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REGIÓN PATAGÓNICA


Los viñedos Neuquén y Río Negro son los más australes del país. Por esta razón los viñedos se ubican en terruños por debajo de los niveles de altura de las demás regiones a fin de evitar temperaturas excesivamente bajas.
Esta fue la última zona en constituirse como región vitivinícola al adoptar la vid como cultivo secundario ya que allí predominan los frutales y hortalizas. Los viñedos patagónicos se suceden interminablemente en las márgenes del Limay, el Neuquén, el Río Negro y el Colorado, caudalosos ríos que bajan de la montaña.
Pobladas por inmigrantes europeos, luego de las campañas del desierto realizadas a finales del siglo XIX, las chacras y fincas pronto reverdecieron los valles llenándolos de aromas de perales, manzanos y vides.
En años recientes los productores y bodegueros de la zona descubrieron la posibilidad de explotar turísticamente sus firmas. El agroturismo permite al viajero visitar estancias, chacras, champañeras y bodegas. Existe, por ejemplo, la posibilidad de observar antiguas cavas, recorrer estancias ganaderas o explorar plantaciones, tambos y fábricas de quesos.
Si bien las temperaturas son inferiores a las registradas en la región noroeste y central, son suficientes como para garantizar la maduración de las bayas. Los bajos niveles de humedad y niveles óptimos de heliofanía completan un buen cuadro ecológico para el cultivo de la vid.
Los suelos, jóvenes y aluviales con partículas de tamaño mediano a grueso, son excelentes para el cultivo de
la vid. A medida que se recorre la región en dirección este es posible apreciar el aumento de vegetación rural a la vera del camino.

Las escasas precipitaciones registradas en las inmediaciones de Gral. Roca y Confluencia -200 mm por año- aumentan en las cercanías de Choele- Choel hasta alcanzar valores cercanos a los 300 mm por año.
Por tal motivo, son mayores los cuidados puestos en las labores vitícolas tendientes a evitar la aparición de enfermedades criptogámicas.
Los vinos que mejor representan a esta región son los blancos elaborados a partir de Semillón, Chenin Blanc, Chardonnay y Sauvignon Blanc, aunque, como señala Carlos Catania del INTA Mendoza, las variedades tintas "de maduración temprana, como el Pinot Noir y Merlot, son cepajes de antiguo cultivo en el lugar y de reconocida calidad".

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